viernes, 1 de enero de 2016

2016, nuevo año en que cuajan todas las traiciones de Peña Nieto y el PRI contra México




Al concluir el año 2015, Enrique Peña Nieto emitió un breve mensaje, como ya es habitual en quien ostenta la primera magistratura del país. Algunas de esas frases peregrinas quedaron registradas en medios y son sin duda motivo de indignación social. Por ejemplo, declaró sin pudor: «México rompió inercias y eliminó las barreras que le impedían desplegar todo su potencial». Pero, ¿de qué barreras habla, a qué se refiere con potencial y de quién?

Las barreras que han agobiado y agobian a nuestra nación son las complicadas corruptelas y traiciones a la patria tejidas por su gobierno y el partido político de que emana, el PRI, en alianza con otros partidos (PAN, PANAL, PVEM, una falange del PRD). Actos graves que sistemáticamente han sido omitidos, negados e ignorados pese a las pruebas demoledoras. Para él, esas barreras son derechos, herencias y leyes históricos. Y tilda de inercias a las tradiciones y organizaciones que más o menos han mantenido en pie a la república.

Entiéndase por «patria» a la sociedad mexicana, su pasado, su presente y su porvenir. Las traiciones y corruptelas de que hablo han implicado la entrega confabulada de bienes, recursos y oportunidades nacionales a capitales privados, sobretodo a extranjeros, en menoscabo de nuestra gente.

Para ese fin, han impulsado y cuajado diversas y refractarias «reformas», como gusta llamarlas este gobierno ilegítimo, que llegó al poder mediante un también complicado tejido de fraudes y corrupciones, y cuyo más infame tropiezo por dicha ilegitimidad es el campo minado de agravios a derechos humanos, que encabeza el crimen contra más de 40 jóvenes de la Normal de Ayotzinapa, en el estado Guerrero, sobre lo cual se arguyeron «verdades históricas» falseadas por la PGR (Procuraduría General de la República) que una vez refutadas por peritos nacionales e internacionales, han hecho de Peña y su gestión el hazmerreír mundial; no obstante, la estela de violaciones, muertes y represión a cientos de miles de víctimas es descomunal y 43 normalistas aún no aparecen desde el 26 de septiembre de 2014.

Ahora bien, las mencionadas «reformas» significan postrar al país y subyugarlo a intereses de oligopolios trasnacionales. El más aberrante caso es la entrega de los recursos energéticos a capitales privados, con el argumento primero de que se necesitaba abaratar las gasolinas —jamás se les ocurrió enarbolar la lucha por construir más refinerías, generar más empleos y preservar la soberanía energética mediante el justificado monopolio en esta materia del estado, mas no del gobierno; su única opción es vender limones para comprar limonada, o sea, entregar el petróleo a extranjeros para luego comprarles la gasolina, mediante contratos mezquinos contra el país— y mucho ojo, sin consentimiento de la nación; segundo, para ser más «productivos» —curioso que jamás se han aclarado cuentas respecto de los altísimos ingresos diarios por petróleo, que llegó a poco más de 250 millones de dólares diarios, ¿quién puede desbarrancar un negocio que genera alrededor de 100 millones de dólares diarios?, hay que ser o muy estúpidos o muy corruptos para conseguirlo, y quienes depredan el gobierno de México no muestran signo alguno de retraso mental—, ¿con qué fin extraer más petróleo si no se aclara la actual explotación?, así como tercero, estimular la competencia, sin embargo dicha competencia no es ni justa ni creíble apenas han comenzado las asignaciones de campos petroleros, amén de que las empresas trasnacionales y prestanombres mexicanas no reportarán a las arcas de la nación lo que se obligaba a Pemex; dichos ingresos se están sustituyendo con el alza en los impuestos, es decir, todo supuesto beneficio se diluirá y resultará más costoso al pueblo, ya de por sí expoliado por esa insensata clase política.

Por si fuera poco, amanecemos el primer día de 2016 con la afirmación de funcionarios del gobierno que ya se vislumbra la entrega de garantías de los activos de la ahora «empresa» del estado mexicano para pagar deudas —la mayoría sin aclarar—. Antes que sanear sus deudas con los ingresos por petróleo y preservar los altos ingresos energéticos, se la está desmantelando y entregando el patrimonio petrolero del país a extranjeros; entrega, insisto, del todo ilegal, pues violaron el espíritu fundacional de la actual Constitución política de los Estados Unidos Mexicanos con supuestas «reformas» a nuestra Carta magna y a las leyes secundarias, ya que son «cambios» que regresan a un orden previo de cosas que era del todo lesivo para la sociedad y que históricamente motivaron movimientos sociales y políticos de alta envergadura, menos aún se detuvieron a consultar a los herederos y propietarios de esos bienes, es decir, el pueblo de México.

Peña Nieto añadió en su mensaje: “seguiremos trabajando con ánimo y energía para construir la nueva realidad que México reclama”. Curiosamente, diseña esa nueva realidad con más injusticias, traiciones a la patria y abultados privilegios para los más adinerados y los oligopolios trasnacionales. El país queda desamparado, de modo que su discurso dista mucho de palpar la realidad de los mexicanos promedio. Le preocupa la realidad de los señores del capital.

En tal sentido, si al comenzar este año el salario mínimo supera apenas los 73.00 pesos diarios, todos los derechos civiles (educativos, laborales, jurídicos, de salud, etcétera) están supeditados a las exigencias del gran capital y el estado está siendo debilitado hasta un punto de quiebra, ¿cómo pretende que se cumpla la afirmación de que nuestro país «está destinado a ser una de las naciones más prósperas, de mayor bienestar para su gente, y un gran referente para el mundo»? Si la población obtiene salarios de hambre, o bien multitud de jóvenes se refugian en el crimen organizado para conseguirse una vida que por la vía recta y legal no pueden ni soñar, ¿de qué bienestar habla? Entretanto, la burocracia política por supuesto que no ha perdido la oportunidad de subirse los sueldos y prestaciones en una medida escandalosa, equiparable a los tiempos de Porfirio Díaz, o quizá a aquellos que generaron el movimiento independentista en 1810.

Por ello, cuando Peña aseguró: «Hoy más que nunca, debemos de creer en México» sólo causa indignación y rabia. En el país no se ha desatado una revolución simplemente porque la sociedad mexicana ha tratado por todos los medios de seguir en paz, pero es una paz nominal, de oropel, de dientes pelados, a cambio hay crímenes de lesa humanidad, represión a luchadores sociales, periodistas, trabajadores y estudiantes, con despojos por todos los rumbos del territorio nacional.

El rencor está vivo, los alzamientos locales son muchos y el hartazgo es un preámbulo que apenas se dé la primera insurrección masiva, simplemente será tan natural como el hecho de que un cuerpo enfermo se estremece por las fiebres y debe luchar por la vida o sucumbir. La ruta que ha marcado la derecha del Partido Revolucionario Institucional —pronto desaparecerá y jamás habrán explicado el absurdo oxímoron de revolución que se institucionaliza— y la mezquina ultraderecha del Partido Acción Nacional significa un atentado contra cualquier nación. O se elimina la infección que amenaza al país y sana, o éste morirá antes de llegar al 2050, con las peores condiciones para un pueblo que se está volviendo apátrida. Así recibimos el 2016 en México. Hasta la próxima...

viernes, 17 de julio de 2015

Libros del rincón 2006-2007, «Aprilis» libro seleccionado para bibliotecas de aula

Por causa de las reiterativas censuras en internet de la publicación del catálogo Libros del rincón/Bibliotecas escolares y de aula 2006-2007, emisión en que resultó seleccionado Aprilis para bibliotecas de aula de tercer grado de secundaria, aquí se publica la prueba del mismo.



lunes, 30 de marzo de 2015

Entrevista a Ricardo Sigala

Foto editada: http://lajirafazapotlan.blogspot.mx/


Hace unos años, recién inauguraba una página web que ya he perdido, comencé a publicar entrevistas a escritores jaliscienses de mi generación, pero sólo tuve oportunidad de llevar a cabo dos, ambas muy interesantes. Una de ellas fue al escritor Ricardo Sigala, autor de Periplos y Paraiplos, entre otros libros y artículos de su pluma. Vale la pena recuperarla y publicarla una vez más. Es un autor recomendable para buscar sus libros y leer.


Ricardo Sigala, aunque reacio a colocarse cualquier adjetivación generacional, tiene un sitio en el difuso grupo de la «ruptura» (ver Biografía en Sergio-Jesús Rodríguez). Nació en Guadalajara, Jalisco, en 1969. Es licenciado, con grado de maestría, de la carrera de letras en la Universidad de Guadalajara. Fue becario del FECA Jalisco, en el periodo de 1997-1998. Ha publicado en diversos medios periodísticos y revistas del estado de Jalisco y el interior de la república. Es autor de los libros Periplos, notas para un cuaderno de viajes (Guadalajara, Edicones del Plenilunio, 1995) y Paraíplos (Guadalajara, ediciones Arlequín, 2001). Coordina talleres de creación literaria en la Casa de la cultura de Ciudad Guzmán y el TEC de Monterry campus Guadalajara, asimismo ejerce la docencia. Con todo, suele hacer suyas las palabras de Pessoa: "los poetas no tienen biografía".

1. La juventud es una metáfora del futuro, lo mismo que la literatura es un juego de seducción, pero también de exploraciones, ¿qué territorios de seducciones y exploraciones marcaron tu infancia?

R.S. Intento ordenar las ideas. Primero, mi juventud no fue o no ha sido —si es que aún algo me queda de ella— sinónimo de futuro. En realidad no tuve tiempo de hacer planes ocupado como estaba en encontrar sentido a cada momento, aun cuando no lo tuviera. Los jóvenes cargamos con pesimismos y optimismos igual de ingenuos.
En lo referente a la literatura como un “juego de seducciones, pero también de exploraciones”, entiendo que toda seducción es lúdica y afanosa en la novedad o lo desconocido. La literatura como todo arte tiene como condición, entre otras cualidades, lo que tú mencionas.
En cuanto a la pregunta propiamente dicha, yo reservé —desde luego no voluntariamente, la vida es algo que me ha venido sucediendo— la seducción y la exploración para la adolescencia, que es cuando uno comienza a tener conciencia de que se ha comenzado a nacer. En cambio, en la infancia me marcó de manera profunda —y esto desde luego lo comprendí más tarde, como una especie de paraíso perdido— el hecho de que no era necesario saber, ni pensar, ni había muerto nadie ni el tiempo tenía peso: una prolongación de la vida uterina, la última utópica sabiduría. Después uno se enferma de razón, busca sentidos, cree encontrarlos y el arte (o la religión o el trabajo o el dinero, el sexo…) nos ayuda a llenar ese vacío.

2. Obsesiones y afirmaciones, obsesiones y negaciones, ¿qué fantasmas benévolos y malignos habitaron tu adolescencia?

R.S. Efectivamente, los fantasmas se dieron y en cierta medida permanecen. Tal vez el primer fantasma fue el deseo de reconocimiento, lo cual se convierte en un problema cuando se tiene dificultades para socializar, y el camino que abrió la circunstancia fue la bizarría oscilando en los más diversos ámbitos de la vida, hasta que llegó accidentalmente la literatura, que en un país sin lectores representó "lo raro”.
Suelo pensar que en un lugar con altos índices de lectura, habría terminado como delincuente juvenil, violador o asesino en serie (perdón por el protagonismo y el afán de literaturizarlo todo). Pero estoy ya hablando del otro fantasma: el de la reacción ante todo lo que fuera autoridad o régimen establecido.
Normal en la adolescencia, se pensará, pero en mi caso no ha sido superado, sólo ha evolucionado: pasé de la rebeldía de la imagen a la negación de las instituciones, de la revolución social a la anarquía, y concluí que las rebeliones más evidentes, más ruidosas son también las más frágiles y efímeras; que las estructuras son más sustanciales que los discursos, y entonces opté por otra subversión que subyace discretamente en mi literatura, aunque esto no es necesariamente un valor de la misma, sino sólo una característica.

2. Aparte de la literatura, ¿qué otras pasiones impulsan tu vida, tu obra, tu curiosidad?

R.S. Ahora lo pienso y tal vez sólo sea una ficción, pero creo que la pasión de mi infancia fue la contemplación; después la adolescencia trajo los fantasmas de los que ya he hablado, pero llegó un momento en que, desertificado por la razón, me vi en la necesidad de inventarme motivos de vivir para luchar contra el hueco que deja la objetividad como visión del mundo. El hueco y los motivos se tornaron en pasiones, el primero en la idea de suicidio, los siguientes como búsqueda lúdica de expresión, desde luego en la literatura, que tiene la ventaja de ser una actividad solitaria.
Habría que hablar de la música, primero como ambiente, como fondo de la película de la vida, después como ejecutante, y más tarde como disciplina. El estudio de la música me enseñó la disciplina de trabajo que difícilmente hubiera encontrado en mi actitud por demás hedonista ante la literatura; también me proporcionó el concepto de obra, la participación de todos los elementos en un sistema bien establecido aunque no necesariamente evidente. Gracias a la música he fomentado un interés considerable por las formas, el ritmo de la frase, la armonía entre los elementos, el tono del discurso, las modulaciones y las variaciones sobre un mismo tema.

3. Tus libros aluden a los viajes, Paraíplos y Periplos, ¿qué aventuras, qué utopías y qué lecturas nutren en tu obra estas temáticas?

R.S. El tema de los viajes es como casi todas las cosas positivas que me han sucedido: llegó de manera fortuita, es un accidente, un hallazgo; nunca me propuse que fuera uno de los signos que representaran mi obra, de hecho mis proyectos literarios iniciales nada tienen que ver con los viajes. Simplemente un día apareció, lo abordé y resultó un medio sumamente efectivo para materializar los conceptos que en otras temáticas parecían falsos, inmaduros.
Considero importante mencionar que «las aventuras» que podrían subyacer bajo el tema del viaje, no tienen que ver con la experiencia física. Es verdad que he practicado el viaje —entendido como tal, no como turismo—, pero, citando las palabras de Miller, «mis mejores viajes los he hecho desde mi escritorio», y no quiere decir que yo haya sido un gran lector de libros de viajes, incluso reconozco que no han sido parte importante de mis preferencias. El viaje pues, se materializa como un símbolo en que caben las utopías, es decir, las formas, las ideas, los efectos que imaginaba y se me resistían.

5. Hay en tu escritura huellas de la sabiduría de Borges, aunque también se traslucen Dante Alhigieri, Marco Polo, Milton...

R.S. Efectivamente, es fácil ver estas huellas y otras, y es que mis libros nacieron al amparo de una propuesta estética que entre otras cosas privilegia la idea de la literatura como palimpsesto, como un texto que nace de otros, y en un sentido amplio creo que así nace toda literatura. De este modo es posible encontrar referencias, citas, reelaboraciones, parodias no sólo de autores y obras, sino de géneros o retóricas particulares.
En el caso de los autores que nombras, son escritores que el tema convocaba de manera casi automática y tenían que estar por la naturaleza del procedimiento de creación.
En lo referente a «la sabiduría de Borges», no estoy muy seguro. Es cierto que mi obra abunda en referencias a la obra del argentino, pero hoy estoy convencido de que no basta citar ciertos tópicos o giros del lenguaje borgiano para aspirar a su sabiduría. El mérito de Borges está más allá del facilismo en que muchos solemos caer; habría que atender a la estructuración de sus textos, a su diálogo con la tradición, a la creación de una dicción personal, a su humorismo discreto y lacerante. En pocas palabras, a la realización de una obra, y no sólo de sus clichés. Terminaría diciendo que es en este sentido que sí aspiro a la sabiduría de Borges, como a la de Dante, Kafka, Joyce, Rulfo.

6. ¿Qué autores vigilan tu cabecera?

R.S. Si tomo literalmente tu pregunta, la respuesta es
La Biblia; mas si te refieres a los autores que más frecuento, a los formadores de muchos de mis conceptos y prejuicios literarios, se hace necesario mencionar al inevitable y ya mencionado Borges, en un lugar especial, después voy a citar los nombres de Juan Rulfo, Fernando Pessoa, Fernando del Paso, James Joyce, Vladimir Nabokov, Italo Calvino, Julio Cortázar y el primer Carlos Fuentes, que también decoran mi costumbre de lector obsesivo.

7. Es muy peculiar tu prosa, aparte de ser pulcra y eficaz, pues colinda entre la poesía, el ensayo y el cuento, ¿por qué elegir texturas y métodos anfibios, en lugar de inclinarte por un género específico?

R.S. En lo referente a la elaboración de la prosa, considero que uno de los elementos indispensables para alguien que se precie de ser escritor es saber escribir en el sentido llano de la palabra, así pues, me obsesiono en dar con la palabra exacta, tanto en el sentido semántico como en el eufónico. Además soy un convencido de que la poesía no se limita al poema.
En lo tocante a los géneros, es obvio que siempre he gustado de los autores que se escapan a las clasificaciones o simplificaciones de los especialistas, de hecho es común que las grandes obras de la literatura se resistan a entrar en algún esquema preestablecido. Por otra parte, ya hablé antes sobre aquellos fantasmas persistentes oponiéndose a lo establecido.
Es cierto, me propuse, y me llevó mucho tiempo, crear un pseudogénero en el que convivieran los géneros dominantes. Yo había pasado por la ingenuidad de enfrentar las vanguardias como ruptura total hacia una tradición que desconocía, por lo tanto con los “periplos” intenté poner en conflicto a la tradición, pero no negándola, sino recreándola desde ella misma. Como puedes ver, la forma en sí misma es ya un acto de rebelión aunque el discurso y la temática parezcan inofensivos.

8. En tus Periplos enuncias reflexiones que se me antojan felices por su madurez y belleza y que podrían sintetizarse en la siguiente afirmación: «los viajes desvelan otros misterios luminosos»: ¿Todos los días el viajero puede encontrar dichos misterios? ¿Cuál es la naturaleza de esos misterios?

R.S. La reflexión es uno de los fundamentos de mi obra, al menos a eso aspiro. Sé que podría parecer pedante, pues nuestras literaturas hispanas no se caracterizan precisamente por la presencia del discurso filosófico, reflexivo o especulativo. Sé que no es parte de la naturaleza de la literatura, pero algunas de las más importantes lo explotan de manera magistral, como es el caso de la literatura en lengua alemana. Sin embargo hay que precisar que la búsqueda de esas expresiones que tú llamas felices, no buscan en lo más mínimo establecer una verdad absoluta, mucho menos proselitista: desconfío de los ostentadores de la última verdad, especialmente en literatura.
En mi caso el pensamiento, el discurso erudito, la reflexión tienen como finalidad un efecto poético, así pues no me considero ni busco ser un pensador, me limito a intentar poner en práctica el aserto de Pessoa que supone que «el poeta es un fingidor, finge tan completamente que llega fingir que es dolor el dolor que en verdad siente».
Es tarea del creador dominar la técnica al grado de que pueda pasar inadvertida. Los misterios a los que te refieres suelen ser artificios que simulan ser milagros. Los verdaderos misterios suceden de manera excepcional y casi nunca logro rescatarlos.

8. Si escribes, aparte de ser un estudioso de la literatura, es porque crees en la escritura: ¿tiene sentido escribir en un país que casi no se lee, y leer en un país que presta poca atención a los libros?

R.S. Considero que en este país (México) y en cualquier otro se escribe literatura —y estoy refiriéndome al arte de la literatura— porque se cree en ella, especialmente en su proceso de creación: la escritura. Para mí la creación es la parte más importante de la vida literaria; es casi la totalidad de la razón de su existencia, todo lo que viene después, es si no secundario o accesorio, sí una especie de valor extra. La publicación, la venta, la premiación no hacen al texto más ni menos de lo que ya es. Estoy de acuerdo en la necesidad de cerrar el ciclo de la obra con la participación del lector, de hecho uno siempre lo prefigura o imagina, pero darle más o la misma importancia al reconocimiento o al mercado, me parece más del ámbito social que del artístico.
Y lo anterior no quiere decir que no concilie la calidad con el mercado, grandes obras venden inmensas cantidades de volúmenes, como mucha literatura ligera no tiene la capacidad de agotar una edición.

9. ¿Desde tu enfoque, cuál es la función del joven escritor y su obra en los tiempos que marcan nuestra historia moderna?

R.S. La función del joven escritor actual tiene la misma función que el escritor en general de todos los tiempos, es la de la elaboración de una obra artística a la vez personal y universal, que al mismo tiempo sea una profunda exploración de sí mismo y de la Condición Humana; lo que quiere decir que su obra no se termina en él mismo, ni en su país ni su época.
No creo en el artista como un mesías o un salvador de la humanidad, tampoco creo que el artista debe someterse a una ideología, aunque sí lo contrario: las ideologías son parte de la materia de su trabajo, como lo son otros recursos más. De lo que sí tengo certeza es que las grandes obras, no suelen ser promotoras de los valores establecidos de su época, lo que me lleva a concluir que el escritor establece una considerable distancia con el poder.

11. ¿Cómo consideras la producción literaria en el México de hoy?

R.S. Me es difícil hablar de la reciente producción en México pues no me considero un conocedor de lo que se hace, o por lo menos, de los más importantes que se hace en nuestro país; esto en parte porque las editoriales grandes se dedican a vender libros no literatura, y las pequeñas se casan con posturas sectarias. Desde luego, el anterior no es juicio universal, pero define una tendencia.
Yo imagino que el estado de la literatura será sano como en los últimos setenta años, lo que no quiere decir que hay un auge de buenos escritores, más bien pensaría lo contrario, pues las novedades y los premios cada vez se caracterizan por presentar literatura en ciernes, incipiente y en algunas ocasiones casos perdidos.
Sin embargo, repito, no hago sino especulaciones desde mi poca autoridad.

12. ¿Crees que rinden frutos provechosos para el país los apoyos públicos destinados a la literatura mexicana?

R.S. Claro que rinden frutos. Desde los funcionarios responsables de los programas —que hay que dejarlo claro que ellos son empleados que tienen que trabajar y no tienen por qué estar comprometidos con las artes—, los políticos que se atavían con los números del noble mecenazgo institucional, hasta los vividores de la literatura. Todos esos son frutos objetivos y ya de entrada justifican la existencia de tales apoyos.
Pero si la pregunta está orientada a los frutos literarios, no creo que los haya. Pienso que es necesario acabar con el prejuicio de que las becas sirven para escribir. La escritura es una responsabilidad personal y se escribe o no si le es inevitable. Es cierto que se puede escribir para cumplir con la institución, pero casi siempre esa obra se convertirá en un trámite institucional; también reconozco a los que obtienen una beca aun cuando no la necesitan para escribir, su obra ya está hecha o de todos modos se hará: posición respetable y quién sabe si más honesta.

13. Según tu experiencia ¿qué dificultades más comunes se oponen en la proyección de las nuevas plumas mexicanas?

R.S. Es innegable que el medio no es favorable, desde el ámbito familiar hasta el institucional y el referente al mercado del libro: nuestros parientes casi nunca son lectores; en la escuela, el libro está lejos de ser un objeto de placer, los profesores lo ven como una tediosa herramienta de trabajo; las autoridades no acaban de entender para qué sirve la cultura y la enfrentan como un mal necesario; los libreros de la ciudad se resisten a asimilar que hay una producción local de obras más allá del libro de texto y no se cansan de poner trabas, y lo más importante, un porcentaje altísimo de los escritores no tienen una idea clara de las implicaciones del oficio de escritor ni del concepto de literatura, se tiende a creer que quien escribe un poema es poeta y quien escribe un cuento es escritor.

14. ¿Qué podemos esperar de los escritores de la «ruptura» en Guadalajara, es decir, aquellos que hoy deben tener entre los 28 y 35 años? ¿Tienen afinidades con los de otras entidades del país, con la generacíón del «crack» en el D.F?

R.S. Debemos esperar que su obra los sostenga como escritores, independientemente de que sean una generación o les sea acuñado un adjetivo u otro. La afinidad que puede guardar con la llamada generación del «crack» es que creo que ambas son artificiales, ambas palabras («crack», «ruptura») sólo nominan arbitrariamente, no definen, no hablan objetivamente de los autores y las tendencias de sus obras; funcionan como estrategia de divulgación, no literaria.

15. ¿Qué escribes actualmente, cuál será tu próximo libro?

R.S. No sé cuál será mi próximo libro, ni siquiera si habrá otro, aunque espero que sí. No obstante siempre estoy escribiendo, fabulando, imaginando libros. Estoy lleno de proyectos en espera de materializarse. Me interesa especialmente un libro de ensayos, otro de relatos y fantaseo con la posibilidad de una novela.

“En el abismo, Bartolo”, en suplemento Domingo, de “Público”, 4 de febrero de 2001

El 4 de febrero de 2001, Benjamín Preciado publica en el suplemento Domingo, del desaparecido diario Público (hoy Milenio Jalisco) la presente reseña crítica sobre En el abismo, Bartolo, de Sergio-Jesús Rodríguez, novela en la cual advierte novedades que rompen con la tradición literaria precedente sobre la ciudad de Guadalajara como marco narrativo. Aquí el breve texto íntegro.









domingo, 29 de marzo de 2015

La novela de los batos y jainas de Guanatos (sobre "En el abismo, Bartolo"): en "Público", 2 de diciembre de 2000

El periodista David Dorantes, pese a los bloqueos propios del medio literario de ciudad de Guadalajara, Jalisco, efectuó una entrevista a Sergio-Jesús Rodríguez, aunque sólo le concedieron este pequeño pero brillante espacio para hablar sobre la entonces naciente novela En el abismo, Bartolo, aparecido el mismo día de la presentación del libro, el 2 de diciembre de 2000, en el marco de la Feria Internacional del Libro.




Entre las termitas y el abismo: Sergio-Jesús Rodríguez presenta su nuevo libro: “Ocho Columnas”, 17 de mayo de 2011

A propósito de la publicación de El señor de las termitas, el periodista y escritor Héctor Medina Varalta le hizo una interesante entrevista a Sergio-Jesús Rodríguez, que apareció en el desaparecido diario Ocho Columnas, el día 17 de mayo de 2011, la cual aquí se reproduce.